SOLEDAD. Autor. Azul Osorio


 

Viví en la calle 1331.
Y por ahí un día pasó la felicidad “arrasando con todo”, menos conmigo.
“Tal vez” me envió la invitación para que fuera con ella, pero si la envió yo nunca la leí.
Mis amigos empezarón a ser felices, mi familia, toda mi calle, mi pueblo, menos yo.
Escuchaba voces… me decían: <<ven…ven con nosotros>>
Pero nunca fuí, escuché lo que decían, pero no quise ir.
Mientras todos erán felices yo tejía mi propia telaraña, terminé de hacerla y me enrredé en ella.
Cerré mis ojos, mis oídos, mi garganta y, no supe más de mi.
Pasaron años para que pudiera despertar.
Me despertó un dolor muy fuerte, algo insoportable, insufrible, inexplicable.
Ahora hablo de mi presente, ya viví lo de ayer, hoy vivo lo de hoy y con éste dolor no sé si llegaré a mañana.
Por eso escribo ésto, no sé si existiré mañana.
Mientras estaba enrredado en mi telaraña, conocí de todo, violé, asesiné, robé y me volví fugitivo de mi propia libertad.
Estoy sumido en una horrible confusión.
Solo puedo sentir como el viento helado entra en mi corazón.
Estó duele, arde, aturde, aniquila y ni siquiera tengo viva la esperanza de salir un día por que no sé si llegeré a mañana.
Creí que esa era la forma de sentirme libre, nadie me decía nada… ni siquiera la conciencia pasaba por mi casa.
“Me sentía dueño del mundo, todo lo mejor lo sentí bajo mis pies”.
¿Qué era lo que me podía pasar?. ¡Estaba dónde quería estar!.
¿Quién se atrevería a tocarme?.
Nadie podía hacerlo, solo yo era mi dueño, dueño del mundo, dueño de mi, pero dueño de nada.
Nada me faltaba, nada me dolía, todo era perfecto, no había ni agua ni sequia.
Me metí entre mis sombras por que la luz lastimaba mis ojos.
Solo donde hay sombras ya no puede haber más sombras.
Ahí me sentía tranquilo, en paz, el miedo no le daba miedo a mi miedo.
Me cerré a todo, levanté los muros más grandes y más fuertes que éxisten.
Nada ni nadie podía lastimarme, me sentía protegido de todo, “me sentía protegido de la luz”.
Todo lo bueno, lo blanco, me hacía daño, era como querer vaciar el mar salado en mi garganta.
Poco a poco acabé con todo, no quedó nada de lo que deví rescatar.
Sólo quería estar solo, eso era mi pan de cada día.
Construí los muros para protegerme de todo y de todos, y me sentí seguro, más seguro que nunca.
¡Ciego!.
¡Sordo!.
“Creí que me protegía en mis muros” y fuí yo mismo quien me encarcelé.
¡Construí mi propia carcel!. ¡Qué íronico!.
Es como él que le teme a la muerte y toda su vida se pasó constrúyendo la tumba más hermosa del mundo.
Me vestía de negro, creía ver pasar a mis enemigos frente a mis ojos.
Me gustaba ver la nieve caer y después en las sombras mirar la niebla.
Acabé con mi sol y mendé matar a mi luna.
Y me reí como nunca cuando vi como agonisaban todas mis estrellas.
Hice de todo, me burlé cuando las flores de mi juventud se marchitaban.
No recuerdo si alguien me amó.
Sólo sé que que yo si amé.
No recuerdo si a alguien le partí el corazón.
Pero aún siento la pena y el dolor de cúando me lo partieron a mi.
¡¡¡Hoy sólo sé que soy él rey de los idiotas y los cobardes!!!.
Durante todo el tiempo que estuve enrredado en mi telaraña, pasaron muchas cosas.
Cosas que yo mismo al despertar me sorprendí de saberlas.
¡Me casé!.
Mi esposa se llama Soledad. Y soy el padre de nueve hijos .
Tristesa, Dolor, Llanto, Fracaso, Desesperación, Agonia, Prisión y dos gemelitos que llevan por nombre,
Perdón y Arrepentimiento, pero uno de ellos murio al nacer, no pudimos salvarle la vida.
Mis hijos crecieron, son muy grandes, ya no puedo alcanzarlos, son más fuertes que yo.
Pero mi esposa es fiel, nunca se separa de mi, siempre está conmigo.
Ella no lo sabe, pero quiero devorciarme de ella.
Ya no quiero estar casado con la soledad.
Quiero tener otra esposa, otros hijos, pero es imposible separarme de ella.
Soledad nunca me dejara ir.
Le hago el amor y se entrega como si fuera el último día, “creo que me quiere demasiado”.
Vivo atormentado, no tengo paz, no tengo salvación, estoy perdido, y lo más difícil es saber que nunca podré salir de aquí, no, por que yo fuí él que me metí.
Tengo sed, tengo hambre, pero no hay nadie a quien le pueda pedir.
Todos se fueron y que bueno que lo hicieron, aquí no había nadie a quien esperar.
Solo quiero dormir, dormir y no despertar jamás.
¡¡¡Ya una vez quise matarme y cuando lo intente tuve miedo de poderlo lograr!!!.
Ya lo dije antes, soy él Rey de los idiotas y de los cobardes.
Me empeñé en alejar de mi a todos los que me amaban.
¡Ahora tengo ganas de gritarles, de gritarles que estoy aquí!.
De decirles que me ayuden a salir del avismo, pero no tengo valor para hacerlo.
No quiero contaminarlos con mi sombra y mi desgracia.
Después de todo ahora estoy en donde siempre quise estar.
Cuando los que me amaban me dijeron que saliera de aquí, no lo hice.
Me aferré a estó que ahora me consume el alma entera.
Me dediqué a sembrar amargura e inseguridad en aquellos que me seguian.
Me burlé, se burlaron de mi, he probado de todo, y pensé que eso me hacía feliz.
Hoy puedo decir que sólo “creía ser feliz”, nunca lo fuí, no lo soy, no lo seré nunca.
Solo cuento ésto, por que es para lo único que tengo fuerzas.
Hoy por fin puedo gritar… ¡Ya no puedo másssssssssssssss!.
¡Se me acabaron las fuerzassssssss!. ¡Me cansé de lucharrrrrrrrr!.
Solo voy arrastrando mis pasos por las sendas que antes me hacían desfilar de gusto.
¡Todo lo que buscaba lo encontre y se me escapo de los dedos!.
Vi como poco a poco todo se perdía.
¿Y sabes que?. ¡No hice nada… nada!.
Me sumí en el maldito silencio, en mis sombras, en mis fantasias.
¡Busque el límite del dolor y lo encontre!.
C¡omprobe que después de llegar a ese límite ya no sientes nada!.
¡Esa era mi via de escape!.
Me esforzaba por llegar a mi límite y en algunas cosas lo conseguí.
Me escapaba del dolor y me fui adueñando de un dolor más fuerte, más profundo.
Llevó años en los que solo me dedico a sufrir.
Tratando de sobrevivir y de querer no ser lo que soy.
Estas son las concecuencias de ver y no mirar.
Estas son las concecuencias de oír y no escuchar.
Estas son las concecuencias de tocar y no sentir.
¿Y mi pregunta de día a día es, hasta cuando llegará el final?.
¿Cúando mi propia busqueda me dejará en paz?.
¡Ya lo dije…estó duele, arde, aturde, aniquila!.
¡Yo no vengo en busca de amor!.
¡No vengo buscando dinero!.
¡Yo no busco compasión!.
¡Yo no quiero comprensión!.
¡Yo no vengo en busca de amistad!.
¡Yo no quiero fama!.
¡No busco ternura!.
¡No busco felicidad!.
¡Yo no busco tu lastima!.
¡Yo solo he venido en busca de paz!.
¡Sólo busco mi paz!.
¡Sólo quiero paz!.
¡Pero no puedo encontrar mi paz!…
¿Dónde está mi paz?.
¿En dónde crees TÙ, que la puedo encontrar?.

 

 

ÚLTIMA VEZ. Autor. Azul Osorio


 

He salido del trabajo algo cansada, pero voy con una sonrisa fresca y con esa anciedad en los brazos… la anciedad de que al abrir la puerta encuentres mi fuerte abrazo y nos quedemos así, descansando hasta que llegue la hora de la cena. Hace unos meses que estamos distanciados, pero eso no significa que no nos demostremos nuestro amor. Solo somos dos, te tengo a ti y tú me tienes a mi… con eso es suficiente. Todas las parejas sufren altibajos, pero si hay amor las cosas siempre se arreglan. En los últimos días he estado muy triste porque te hablo pero no me contestas. Llamo a tu trabajo para tratar de mantener una conversación así sea telefónica pero me dicen que saliste y no dijiste la hora en la que regresarías. He marcado a tu celular pero siempre salta tu contestador, algunas veces está apagado y por más que intento hablar contigo no lo puedo conseguir. Al llegar a casa te pregunto cosas y me dices que estás cansado, que lo que menos quieres es hablar. Que no contestaste porque había mucho trabajo, que estabas en junta y que por mi insistencia lo tuviste que apagar. Me quedo pensando que quizá tienes razón… que debo ser paciente, más comprensiba y no estar encima de ti. Que tal vez has trabajado demaciado y lejos de escucharme lo que tú necesitas es descansar. Y dejo que lo hagas, que sientas que te entíendo y que con mi comprensión puedes contar. Pero hoy no permitiré que pase lo mismo… hoy al llegar a casa te abrasaré muy fuerte y te pediré que descanses conmigo. Y más tarde, cuando del cansancio nos hayamos recuperado haré tu cena favorita y todo empesará a marchar como antes y me esforsaré mucho para que todo sea mejor. Hace tiempo que no hacemos el amor, y yo me muero por ser tuya, pero cuando intento hacercarme vuelve el tema del cansancio, la falta de ganas y todo termina en nada, en solo un hombre y una mujer que duermen en cada orilla de la cama y algunas veces con tal de dejarte descansar prefiero ir al sofá para que tu descanso sea placentero. A veces espero que al notar que voy hacía el sofá me detendrás y me dirás que no es necesario, pero no escucho nada y pienso que también es buena para ti la idea de que duerma allá. Una compañera de trabajo me salió con la estúpides de que si te comportas así conmigo es porque tienes una amante. Y mi abuela ha dicho que en cualquier pareja las cosas se enfrian, que solo es cuestión de esperar y que pronto las cosas marcharán igual. Y yo creo que entre mi abuela y mi compañera de trabajo quien tiene razón es mi abuela. Lo que tengo que hacer es esperar y poner todo de mi parte para traer nuevámente la felicidad a nuestro amor. Siempre llegas a casa antes que yo, así que segurámente al llegar te encontraré así como todos los días. Pero entro a casa, menciono tu nombre preguntando que si ya estás aquí y no hay respuesta. Bueno… quizá por alguna razón se te hizo tarde y no tardarás en llegar, así que es hora de ir al cuarto, largar la ropa del trabajo y ponerme algo más comodo para empesar a cocinar. Pero justo antes de cambiarme encuentro un sobre con mi nombre, de inmediato reconozco tu letra y la abro creyéndo que encontraré el mismo pensamiento que yo traía después de salir de trabajar. O quizá como antes habrá una invitación a cenar. ¿Qué será?. Y no… entendí que no era eso cuando sentí mi corazón latir como nunca lo había hecho, y unas gotas de agua salada caían sobre el papel. Deduje que acabarías de salir, en el cuarto estaba aún el olor de tu perfume, no irías muy lejos. Si me daba prisa te daría alcanse y preguntaría lo que siempre me negué a preguntar. Así que salí corríendo sin hacer caso al silvido de los autos que casi pasaban por encima de mi cuando iba a tu alcanse en sentido contrario. No me equivoque, logré mirarte a lo lejos sentado en la banca de madera que indicaba ser el pasajero del próximo tren. Has mirado que voy trás de ti y no encuentras dónde meter la cara para ocultar, no se que sea, pena, hipocrecia, eso no importa, no creo que eso sea mayor que lo que yo siento. Esa es la convercasión de mi vida y sin embargo no sé que decir, no sé cual de todas las preguntas que tengo hacer primero. Después de todo es más que obvio… estás a punto de partir, de huir, de abandonarme sin siquiera tener el valor de decirmelo en mi cara, por las razones que sean que te vayas, hubiera preferido que lo dijeras, para que así no hiciera la escenita de irte a buscar y preguntar lo que ahora ante mis ojos está de más. Estás a la espera del siguiente tren, tienes un boleto entre las manos… encuentro una carta de despedida sobre nuestra cama… a lejuas se nota tu cobardía, ese valor según tú en mi tanto admiraste, ese valor que en varias ocasiones reconociste que te faltaba, ni en el último minuto lo demuestras. Los útimos meses sin cruzar una palabra conmigo y ahí estaba la idiota yendo en busca de ¨respuestas¨ la respuesta durante vario tiempo la tuve entre la frente y me hice la ciega para no verla. Siempre creí lo menos posible, sintíendome culpable de tu estres, de tu cansancio… y llegué a pensar que en cierta forma yo era la culpable de que estuvieras así.

Y creyendo que no es necesario decir nada me doy la vuelta… no sé de dónde saco fuerzas para que las rodillas se mantengan rectas y no caiga para darle una victoria más al desamor. Estupidamente esperé a que corrierás trás de mi y me dijeras que todo era un juego, que no te irías, que pensabas hacerlo pero al ver que corrí trás de ti te devolverías conmigo, que también harías todo para volver a empesar. Perdón ni seria necesario que lo pidieras, con solo tocarme te perdonaría mi corazón. Nada sucedió, éxistia solo el ruido del tren que se hacercaba y te llebaría para siempre de mi lado. Saqué todo mi orgullo para no mirar hacía atrás… pero la esperanza de que mis ojos miraran algo diferente me hicieron voltear y pude ver como partías, pude verte partir con el color de mi camisa favorita. Sola… sola… sola… me estaban abandonando y ahí estaba yo, incredula de lo que estaba mirando, me humillaban de la forma más cruel y yo estaba de pie, siendo testiga de mi propia desdicha.

No tengo idea de cúanto tiempo ha pasado… ni siquiera sé cómo he llegado a éste día… tengo en las manos mis últimos estudios realizados… reacciono un poco cuando leo la frase esa donde dice que ¨me quedan solo unos días de vida¨. De alguna forma ya lo sabía, el doctor no me daba muchas esperanzas y menos cúando decía que el secreto para vivir era querer hacerlo y désde su partida, désde aquel día yo me negaba a vivir. Después de su diagnostico y de luchar por sobrevivir una y otra vez la lucha contra la muerte era un caso perdido. No me deba miedo, si soy sincera era algo que esperaba con anciedad, había perdido las ganas de vivir, perdí mi trabajo, en pocos días tenía que entregar nuestra casa, sin ningún sueldo, sin hacer pagos al banco era lógico que la perdiera. La cuenta bancaria quedo en ceros por las semanas que me pasaba internada en los hospitales. Ya no tenía nada. Solo unos días con vida que faltaba muy poco y tendría la tranquilidad de que todo terminaría. El buzón estaba lleno de publicidad, de facturas que había que pagar y así se quedarían… había un sobre más, nuevámente con mi nombre y dirección, con la misma letra de hacía unos meses. La comparé con la última que tenía y eran totalmente diferentes. La segunda decía que vendrías, aún me pregunto cómo te enteraste que en aquel poblado existía una esposa anorexica… que estaba a punto de morir y tu deber era verla por última vez. Tampoco entendía para que diablos era tu venida, si ya no quedaba nada lo que un día fuí, ahora era solo un monton de huesos que no tenían fuerzas para mantenerse en pie y que a manera de suplica hizo entender a su doctor de que le gustaría morir en casa y de modo gentil-preocupado el doctor había consedido su última voluntad a una moribunda. Esa era la única razón por la que me encontraba en casa, gracias a que me entendíeron y me dieron la oportunidad de no terminar mis útimos días en un hospital. Al menos existía la tranquilidad de morir tranquila, sin nadie, sin nada, pero dentro de un hogar que en algún tiempo soñé se alegraría con la sonrisa de un niño, un niño tuyo y mío… ahora hasta resultaba íronico pensar en eso. Era casi pecado recordar que un día pensé que contigo alcansaría mi felicidad. Tenía media hora para… ¿para qué?. ¿Para bañarme y maquillarme y que al menos no me vieras con el rostro cadaverico?. ¿O para sacar fuerza no sé de dónde y preparar la cena que pensaba hacer ese día después de salir del trabajo?. ¿O para quedarme en cama y ser lo que ahora era?. Una moribunda que solo esperaba su último día… y se había encontrado la sorpresa de que el hombre que la abandonó vendría a verla antes de que muriera. ¿y si sacaba fuerza y explotaba mi orgullo como para cerrarle la puerta en la cara y demostrarle que ya ni en esos días lo necesitaba?. ¡¡¡Pero si me estaba muríendo!!!. Querer sacar la dignidad a esas alturas sería la estupidez más grande del mundo. ¿Con qué sentido?. Se quedara lo que se quedara pensando ya era lo que menos importaba. Después de muerta no sabría nada, ahí se acabaría todo, lo bueno o malo que viví gracias a él desaparecería. Si lo que quería era verme a punto de morir pues que lo hiciera, que lo hiciera y después desapareciera y el uno del otro no sabría nada de nadie jamás. Pero a veces media hora significa una vida entera… tuve mucho tiempo para pensar, eran mis últimos días, creo que era tiempo de hacerme justicia, de ser sincera conmigo misma lo más que se pudiera. Había decidido esperarlo, oirlo entrar a la que un día fué nuestra casa, esa que en unos años atrás la buscamos con el sueño de ser felices y embejecernos juntos en esa casa dónde nuestra felicidad se desbordaba por las ventanas. Quise verlo porque aún después de lo que hizo yo nunca dejé de amarlo. Y porque aunque muchas veces me juré que lo odiaba en el fondo, en la parte blanca que aún conservo en mi alma, tenía la esperanza de realizar mi último sueño… un sueño que llegué a sentir sería imposible realizar… verle regresar y mirarme en sus ojos por última vez. Me parecía inalcansable el hecho de que eso pasara, sin embargo solo estaba a unos minutos de que eso se hiciera realidad. Después de mirarme en sus ojos y de escuchar su vos una vez más podría morir en paz. Tantos planes que pueden hacerse a solas y cuando tienes enfrente a esa persona que tanto anciabas mirar, no dices nada o dices de más. Recuerdo que cuando se fué yo no pude decir nada, pensé que no tenía caso, no me desahogué y en parte eso era lo que me estaba matando. Querer decirle mucho y el dolor no te de la oportunidad de decir nada. Lo recuerdo alto, fuerte, muy guapo, seguramente tenía una pareja que le amaba profundamente, y yo estaba para que me aventaran a una tumba… era hermoso cuando con sus fuertes brazos abrasaba mi delgado cuerpo. Cuando sentia que rodeaba de esos brazos no habría maldad que en mi surguiera efecto. Llegué a sentir que de su brazo conseguiría todo lo que me propusiera. Pero se fué de mi lado sin darme tiempo de nada, sin darme la oportunidad de luchar por su amor, de volver a reconquistarlo. Decidió que marcharse era lo mejor y los resultados habían sido catastroficos… resultados que quizá los tuve por decisión propia, pero se tendría que entender que para haber una decisión es importante también nombrar o buscar el motivo que causó esa decisión.

Sabíendo que no tendría fuerzas para abrir la puerta la dejé abierta y que entrara sin tocar. De pronto y creía que ya nadie vivia ahí, el patio solo tenia flores marchitas, la fuente se había secado y el campo libre estaba lleno de llerba seca. Había el aspecto que hacía años nadie habitaba allí… ni siquiera el auto se reconocía gracias al choque frontal que tuve cuando por llebar los ojos inundados de lágrimas fuí a dar hasta su barandal de nuestro odiado vecino. Pero al llegar quizá pensó que era lo único que podría encontrar después de la forma en la que lo dejó. Désde el cuarto escuché sus pasos mientras crusaba por la sala, llegó hasta el cuarto y se detuvo junto a la puerta. Sin decir una sola palabra camino hacía la cama y se sentó cerca de mi regaso o más bien de lo que quedaba de el. Al parecer le sorprendía mucho la forma en que me encontró, entíendo que no tenía la cara ni el cuarpo que tenía en nuestra primera cita. Ahora solo era la sombra de alguien que se hechó a morir solo porque un cobarde la abandonó… daba pena reconocerlo, pero esa era la verdad. Su sorpresa de verme así no era mayor que la mía, en realidad quien tenía peor aspecto era él. Tampoco quedaba nada de aquel rostro que un día se marchó. Si hubiera tenido fuerza seguramente me lanzo a sus brazos o le besaba los labios hasta moderselos y decirle que gracias a su partida dejé de luchar, pero apenas y podía mover los brazos y trataba en vano de acomodarme en una posición mejor porque la platica iría para largo. Me extremecí cuando vi que aún le quedaba un rastro de caballero, ya que al ver que no podía ni conmigo misma me ayudo. Me sorprendí al escucharme repetir la carta que un día me dejó… tuve que grabarmela, porque désde ese día no volví a learla nunca, hasta hacía unos minutos que comparé la una con la otra. ¨He decidido partir, mi vida contigo no es vida, si me quedo aquí terminaré muríendo. Por eso me voy, porque tanto amor de tu parte me hastía y porque creo que mereces a alguien mejor para tu vida. Me voy sin mirarte a los ojos, porque si te miro me faltará valor para irme y si me quedo te destruiré la vida. Por eso es mejor marchar, antes de que el daño camine más. Adiós…¨ Y yo fuí trás de ti, porque tenía algunas cosas que recordarte. No pensaba detenerte, no fué eso por lo que te perseguía, solo quería que te fueras con los recuerdos que un día escuché de tus propios labios. Solo quería recordarte, que ante Dios prometiste estar conmigo hasta el final de los tiempos. Que me plantaste la certeza de que con nadie estaría mejor que a tu lado, prometiste que estarías conmigo siempre, que el resto de tu vida lo dedicarías a hacerme feliz. Quería que te fueras pero que nunca se te olvidara que prometiste que en las buenas y en las malas yo contaría con tu amor, que nunca olvidarás que contigo yo conocí el amor, y que gracias a todo lo que decías y a prometer que nunca me dejarías fuiste hacíendo prisionero a mi pobre corazón. Quería pedirte que me escucharas y después de hacerlo podrías marcharte. Porque en el fondo creí que al recordarte eso te quedarías conmigo o me llebarías contigo. Porque hasta ese día lo que yo prometí lo cumplí al pie de la letra, entregué más de lo que pude entregar. Solo quise que supieras que te ibas cuando más te necesitaba, cuando era el momento de que los dos lucharamos por nuestro amor. Que si decidías volver yo perdonaría todo, que solo bastaba una oportunidad que me dieras para luchar por lo que tanto amaba mi corazón. Que tú eras el amor de mi vida y que nunca podría aceptar vivir lejos de tu amor… que supieras que al irte dejabas desangrando a mi alma y mi corazón. Quería saber en que había fallado, quería razones validas por las cuales abandonabas nuestra relación. Quería entender como después de tanto amor las cosas tendrían un final así. Fuí trás de ti porque pensé que nuestro amor se merecía otro tipo de historia, pero no pude decir nada cúando me di cuenta que ese significado solo era mio, que lo que quería que tú escucharas solo me importaba a mi. Que de nada servía que yo luchara cuando la lucha por parte tuya sería del lado contrario. Te dejé ir sin decir nada porque te amaba más que a mi propia vida y si lo que tanto amaba necesitaba libertad, que la tomara, que se fuera lo más lejos que pudiera y si un día regresaba, seguramente los dos tendriamos la suficiente fuerza para darle un final digno a nuestro amor. Me heché la culpa de todo, me sentí miserable porque no era mujer que pudiera tener al hombre que amaba a su lado. Me sentí vacía porque al subirte al tren contigo subiste todos mis sueños. Y me dejaste sin nada, solo con una culpa que no era mia y que sin embargo fué mi cruz porque la cargué sobre mis hombros cuando en realidad esa culpa solo fué tuya. Porque al irte me negaste la oportunidad de amar, porque al dejar de luchar tú, también me ataste de manos para que yo no pudiera luchar. Te fuiste de mi lado sabíendo que tú eras todo lo que tenía, perdí mi familia y tú me prometiste cuidar y lo único que hiciste fué hacerme sufrir como jamás pensé que lo harías. Siempre soñé con que regresarías, muchas noches creí escucharte tocar la puerta y me levantaba corríendo a tu encuentro y el corazón me volvía sangrar porque trás la puerta nunca hubo nada. Eran solo mis ganas de verte regresar. Daba de gritos cada vez que me llamaban por telefono, y era enorme la decepción cuando nunca escuché tu voz. Hubo millones de preguntas en las que no estuviste para darme respuestas y sé que moriré sin tenerlas. Ni siquiera me esfuerzo por saber que es lo que te trajo aquí, el auto lo choqué, la casa la perdí, me despidieron del trabajo y en solo unos días voy a morir. No sé como te enteraste, no es algo que me importe, de cualquier forma en algún momento de tu vida te enterarías de que ya no existo. Pero antes de que intentes irte, dejame agradecirte por la visita, verte entrar por esa puerta désde que te marchaste fué mi mayor sueño, y gracias a que viniste se hizo realidad mi sueño. Al menos algo que tanto quería antes de irme pude lograrlo y es gracias a ti. Hubiera sido muy triste morir sin mirarte una vez más, pero eso no pasara, mis ojos se han alimentado y hasta me parece imposible que estés aquí y siento el límite de creer que ni siquiera estás aquí y que nuevamente mi imaginación está hacíendo de las suyas y de nuevo me despertará la decepción, pero si así fuera, esta vez es lo más real que ha salido así que me iré tranquila.

-No… no es un sueño, soy yo quien está aquí. Vine porque sabía que tenía una deuda contigo y no podía irme sin pagarla, sabía que había muchas palabras que aquel día de tus labios no pudieron salir y vine a escucharlas. Vine a pedir perdón porque debo partir. No sabía ni esperaba encontrarte así. Sabía que de alguna forma la vida me cobraría lo que hacía, pero al verte así me doy cuenta que la vida me cobro más de lo que le debía. Sé que hubo muchas preguntas, y tienes razón al decir que no estuve aquí para contestarlas. Preguntas que quizá ya no importa contestar, pero a pesar de que no importan solo contestaré algunas. Mi abuelo,  mi padre, mi tío, mi hermano, murieron de lo mismo. Ese día estuve contigo y te hice el amor como nunca y solo minutos después sentí morir. Siempre viví con el miedo de padecer lo mismo y fuí a chequeo, efectivamente pasaba lo que más le tenía miedo. Me dieron solo un año de vida. Al regresar a casa temí lastimarte y dejarte sola después de haber perdido tu familia. Quise evitarte que sufrieras porque sabía que sufrirías al pensar que dentro de poco moriría. No podría hacerte mia ni una sola ves más, si lo hacia mi corazón estallaría enseguida, me enojé con la vida porque sin querer me apartaría de tu vida. Yo te amo demaciado, casarme contigo fué la bendición más linda que Dios me pudo dar, saberte mi esposa me hizo el hombre más feliz sobre la tierra. Los sueños de tener nuestro hijo se fueron al suelo, ya nada de lo que habiamos soñado podría ser, solo vivir llenos de rabia porque la vida nos hacía eso. Creí que yendome de esa manera sufrirías menos, sería mejor que me odiarás y no que me vieras morir poco a poco si yo también sabía que me amabas y que no soportarías una perdida más. Creí que te encontraría enamorada, llena de vida, con nuevas ilusiones y resulta que te veo reflejada en mi. Los dos estamos muríendo. Creí que al irme lejos te salvaría de la desdicha y lo que hice fué acabar con tu vida, con esa vida que yo amé más que a la mía. Vine porque yo también moría por la necesidad de verte por última vez, sino me dejabas entrar me conformaría con mirarte de lejos y con eso me iría en paz. Pensé que no vivias aquí por las condiciones en las que está todo esto. Ya me despedí de mi madre, ella está consiente de que quise venir a morirme aquí, quiero morirme contigo. Quiero que tú seas lo último que ven mis ojos. Quiero llebarte grabada en lo eterno de mis recuerdos, como la imagen mas hermosa y sagrada que mis ojos pudieron mirar. Necesito que sepas que me fui por ti, porque creí que con eso te salvaría, porque prometí cuidarte y de alguna manera lo tenía que cumplir. Pero la desesperación me hizo hacer todo de la forma equivocada y al igual que yo la mujer que más amo también está muríendo. Nunca dejé de amarte, nunca dejé de recordarte, me agarré de tu recuerdo cuando los dolores fueron insoportables. Me fuí consumíendo poco a poco, era demaciado ver el sufrimiento de mi madre como para también vestirme con el tuyo. Désde lo más profundo de mi arrepentímiento te suplico que me perdones y de la manera más humilde te pido que me alcanses, y cuando te llegue la hora de partir me busques o preguntes por mi, porque te voy a esperar con los brazos abiertos. Pide que te entierren junto a mi, pide que terminemos juntos mi amor. Me voy, pero me voy con la fe de que hay algún lugar en dónde aún podemos ser felices. Nunca te traicioné, ni con la mirada, ni con el pensamiento, siempre fuiste mi más grande amor y la mujer que… que… … … …

LA LOCA. Autor. Azul Osorio


 

Toqué la puerta y al ver que nadie abría giré la cerradura y la puerta se abrió.

La sala estaba solitaria, no había nadie que me recibiera.

Pregunté si alguien me escuchaba pero no tuve respuesta.

Nadie contestó.

Seguí hablando con la esperanza de que alguien contestará, pero nadie contestó.

Caminé por el pasillo y me fuí encontrando con miles de cosas extrañas.

Un sombra casi moribunda, un corazón sangrando moviéndose al compaz de cada latido.

Unos sentimientos se ahogaban y se revolcaban en su propio dolor.

Me tropecé con unas ilusiones que destilaban sufrimiento.

Trate de ponerme de pie y choque con unos sueños destruidos.

Me asuste mucho, no sabía que era lo que estaba pasando.

Me puse de pie como pude y logré avanzar unos pasos.

Pero mis ojos no dejaban de ver esas cosas extrañas.

Escuché unas palabras de amor, pero poco a poco se fueron escuchando como lamentos.

Mi piel se erizó, quería salirme de ahí, pero la curiosidad también me mataba.

Logré llegar al final del pasillo y me encontré con unas escaleras.

No sabía si seguir o regresarme, pero mi pie izquierdo me dijo que siguiera.

En las escaleras encontré unas sonrisas y al tomarlas se fueron haciéndo muecas.

¿De quien era eso?. Me preguntaba yo con desesperación.

En el quinto escalon me encontré una pequeña cajita color café.

Me incliné y la abrí con la esperanza de encontrar algo diferente.

Lo que encontré fueron diez letras que formaban unos nombres.

Unos nombres que por más que trate no pude formarlos.

Las escaleras terminaron y me encontré con otro pasillo

Ya estaba en el segundo piso y aunque yo preguntaba si alguien me escuchaba, nadie contestaba.

Mil recuerdos, el espejo quebrado, y siete metros de distancia.

Al terminar de recorrer el pasillo me encontré con una puerta.

Me acerqué a ella y medité si debía abrirla.

Pero la curiosidad era más fuerte, y la empecé abrír.

Un grito de dolor escuché cuando abrí la puerta y entre en ese cuarto.

Mis ojos se agrandaron cuando vi a una mujer vestida de azúl.

Vi unos rizos sobre una cama de lava y la almuada mojada con lágrimas benditas.

La mujer estaba recostada sobre un vólcan en llamas pero ella se moria de frío.

Temblaba y se quejaba como si estuviera en medio de un sacrificio.

Quise ayudarla pero temia que si me acercaba la lava me quemara.

Estaba descalza, pero tenía el vestido azúl más hermoso que hubiera visto.

En el suelo había cientos de fotografías rotas, también había poemas, póesias, canciones.

Pero todas estaban hechas pedazos.

Le dije que se levantará porque podía quemarse.

Pero ella no dejaba de llorar y de lamentarse.

¿Yo no sabía que hacer?. ¿No sabía como ayudarla?.

Si lo hacía podía morir yo también y yo no quería morirme.

Yo solo fui por que necesitaba que me ayudaran a llegar a mi templo.

Me perdí, había salido de mi templo sin permiso y no sabía como regresar.

Creí que en esa casa alguien podía ayudarme, pero me encontré con otra cosa.

Ahí había más sufrimiento del que yo estaba sintiendo.

En realidad yo no quería ayudar a nadie, solo quería que me ayudaran a mi.

Necesitaba llegar a mi templo por que lo cerraban al atardecer y ya no me dejarían entrar.

Pero ahí nadie podría ayudarme, esa mujer no podía ayudarse ni a si misma.

Quería irme, pero me daba un poco de pesar dejarla en esa situasión.

Y volví a preguntarle si podía hacer algo por ella.

No me contestó, siguió llorando y llorando sin cansancio.

No podía verle la cara, quería conocerla, pero los rizos le cubrian el rostro.

¡Quería conocerla, no quería irme sin conocerla, tenía que verla!.

Esperé media hora de pie junto a la puerta, solo escuchando como lloraba.

Esperé por que quería verla, pero ella no se giraba.

Miré por la ventana que el sol estaba a punto de ocultarse.

Tenía que salir de ahí y buscar ayuda, para volver a mi templo.

Me quedaba muy poco tiempo y si seguía ahí, me quedaría desamparada, sin hogar.

Le pregunté por última vez lo que le pasaba y si podía ayudarla.

Pero pasó lo mismo que la vez anterior, no contestó.

Me dije que era caso perdido, tenía que irme de ahí y lo que pasara con ella no era mi problema.

En ese instante mis ojos se llenaron de lágrimas y vi como una de ellas cayó sobre mi vestido.

Me llevé las manos a mi pecho cuando vi que mi vestido también era azúl.

Era igual al de ella y mi pelo también era rizado, identico al de ella.

No supe que hacer… lo único que hice fue darme la vuelta y tratar de abrír la puerta.

Fue entonces cuando escuche su voz… ‘esa voz’.

Mi mano temblaba sobre la cerradura de la puerta, no podía abrirla.

<<¿Te vas?>> <<¿Te vas?>> Eso fue lo único que ella me dijo.

Me di la vuelta y la miré recostada sobre la lava.

¡Entre en estado de pánico!.

¡Era mi cara!. ¡Era mi voz!. ¡Era yo!.

¡Grite con todas las fuerzas que pude, me llené de horror!.

¿Qué hacían dos personas iguales en ese cuarto?.

¿En dónde estaba mi templo?. ¿Cual era mi templo?.

¿Que fue lo que me llevó a dejar a mi templo?.

Ella supo lo que yo me preguntaba y me contestó.

”Sómos iguales por que tú eres mi alma”.

”Y tu tamplo lo tienes a solo unos pasos de ti”.

”Yo soy tu templo, tu templo es mi cuerpo”.

”Es tarde, el tiempo se acaba, entra o moriré.

Tienes que entrar a tu templo antes de que sea demaciado tarde.

Pero yo no creía lo que estaba viendo, lo que estaba oyendo.

Tenía que ser mentira, yo solo quería volver a mi templo y que esa pesadilla se acabará.

Abrí la puerta como pude y salí corriendo por que ya no aguantaba más.

Pero tropecé con la caja, las letras, las palabras de amor que después fueron lamento.

Con los recuerdos, el espejo roto y los siete metros de distancia.

Con los sueños destruidos y las ilusiones que destilaban sufrimiento.

Con los sentimientos que se ahogaban y del dolor se revolcaban.

Con las sonrisas que después se hicieron muecas.

Con el corazón sangrando y la sombra moribunda.

Escuché que me suplicaba por mi regreso, me gritaba que regresará.

Escuché que me dijo, que ella no podía venir a mi, que era yo quien devía ir.

Era solo yo la que tenía que entrar en su cuerpo de nuevo.

Todas las cosas extrañas se habían aferrado a mi vestido.

Trataba de quitarmelos pero de pronto empecé a sentir todo lo que la mujer sentía.

Empecé a identificar todas esas cosas extrañas como mías.

Era su sombra y mi sombra, era mi corazón y su corazón.

Eran sus sentimientos y mis sentimientos, eran sus ilusiones y mis ilusiones.

Esas ilusiones que destilaban sufrimiento.

Sus sueños destruidos también eran los míos.

¿Qué era lo que me quedaba por hacer?.

Recordé a la persona que vi en las fotografias rotas y comprendí todo.

Las letras, que días antes yo misma había metido en esa cajita.

Era su nombre, era el mío, era la Y la que separaba un nombre del otro.

Regresé al cuarto con el vestido hecho pedazos.

Al verme sonrió y me tendió su mano.

Entonces yo solo atiné a decirle…

¿Qué nos pasó?.

¿Por qué nos abandonó?.

¿Por qué nos lastimó de ésta manera?.

No pierdas la vida por su amor.

Seca de tus ojos tus lágirmas que son benditas.

No le llores a algo que solo daño te causó.

Vamos… ponté de pie que otro amor te está esperando.

Aprende de lo que te hizo, ésto solo es una lección.

Renace de entre tus cenizas, ya no quiero verte llorando.

Me recosté junto a ella, la abrase contra mi pecho y logré que se durmiera.

Al despertar vi el techo de un cuarto frío.

Un cuarto pintado de azul.

Trate de moverme pero había algo que no me lo permitia.

Estaba atada a una cama con una camisa de fuerza.

Una camisa de fuerza, color azúl, como el vestido.

Y entonces entendí todo, lo recordé todo.

Horas antes me había dado una crisis de esquizofrenia.

Escuché el ruido de la puerta cuando alguien la abría.

Y solo vi entrar a la enfermera que nunca me soportaba.

A la enfermera que siempre que estabamos solas, me insultaba.

Me miro con desprecio e hizo un gesto de hastio.

Y cuando vio mis ojos abiertos solo me pregunto ésto…

-¿Ya despertaste Loca?.