LA LOCA. Autor. Azul Osorio

 

Toqué la puerta y al ver que nadie abría giré la cerradura y la puerta se abrió.

La sala estaba solitaria, no había nadie que me recibiera.

Pregunté si alguien me escuchaba pero no tuve respuesta.

Nadie contestó.

Seguí hablando con la esperanza de que alguien contestará, pero nadie contestó.

Caminé por el pasillo y me fuí encontrando con miles de cosas extrañas.

Un sombra casi moribunda, un corazón sangrando moviéndose al compaz de cada latido.

Unos sentimientos se ahogaban y se revolcaban en su propio dolor.

Me tropecé con unas ilusiones que destilaban sufrimiento.

Trate de ponerme de pie y choque con unos sueños destruidos.

Me asuste mucho, no sabía que era lo que estaba pasando.

Me puse de pie como pude y logré avanzar unos pasos.

Pero mis ojos no dejaban de ver esas cosas extrañas.

Escuché unas palabras de amor, pero poco a poco se fueron escuchando como lamentos.

Mi piel se erizó, quería salirme de ahí, pero la curiosidad también me mataba.

Logré llegar al final del pasillo y me encontré con unas escaleras.

No sabía si seguir o regresarme, pero mi pie izquierdo me dijo que siguiera.

En las escaleras encontré unas sonrisas y al tomarlas se fueron haciéndo muecas.

¿De quien era eso?. Me preguntaba yo con desesperación.

En el quinto escalon me encontré una pequeña cajita color café.

Me incliné y la abrí con la esperanza de encontrar algo diferente.

Lo que encontré fueron diez letras que formaban unos nombres.

Unos nombres que por más que trate no pude formarlos.

Las escaleras terminaron y me encontré con otro pasillo

Ya estaba en el segundo piso y aunque yo preguntaba si alguien me escuchaba, nadie contestaba.

Mil recuerdos, el espejo quebrado, y siete metros de distancia.

Al terminar de recorrer el pasillo me encontré con una puerta.

Me acerqué a ella y medité si debía abrirla.

Pero la curiosidad era más fuerte, y la empecé abrír.

Un grito de dolor escuché cuando abrí la puerta y entre en ese cuarto.

Mis ojos se agrandaron cuando vi a una mujer vestida de azúl.

Vi unos rizos sobre una cama de lava y la almuada mojada con lágrimas benditas.

La mujer estaba recostada sobre un vólcan en llamas pero ella se moria de frío.

Temblaba y se quejaba como si estuviera en medio de un sacrificio.

Quise ayudarla pero temia que si me acercaba la lava me quemara.

Estaba descalza, pero tenía el vestido azúl más hermoso que hubiera visto.

En el suelo había cientos de fotografías rotas, también había poemas, póesias, canciones.

Pero todas estaban hechas pedazos.

Le dije que se levantará porque podía quemarse.

Pero ella no dejaba de llorar y de lamentarse.

¿Yo no sabía que hacer?. ¿No sabía como ayudarla?.

Si lo hacía podía morir yo también y yo no quería morirme.

Yo solo fui por que necesitaba que me ayudaran a llegar a mi templo.

Me perdí, había salido de mi templo sin permiso y no sabía como regresar.

Creí que en esa casa alguien podía ayudarme, pero me encontré con otra cosa.

Ahí había más sufrimiento del que yo estaba sintiendo.

En realidad yo no quería ayudar a nadie, solo quería que me ayudaran a mi.

Necesitaba llegar a mi templo por que lo cerraban al atardecer y ya no me dejarían entrar.

Pero ahí nadie podría ayudarme, esa mujer no podía ayudarse ni a si misma.

Quería irme, pero me daba un poco de pesar dejarla en esa situasión.

Y volví a preguntarle si podía hacer algo por ella.

No me contestó, siguió llorando y llorando sin cansancio.

No podía verle la cara, quería conocerla, pero los rizos le cubrian el rostro.

¡Quería conocerla, no quería irme sin conocerla, tenía que verla!.

Esperé media hora de pie junto a la puerta, solo escuchando como lloraba.

Esperé por que quería verla, pero ella no se giraba.

Miré por la ventana que el sol estaba a punto de ocultarse.

Tenía que salir de ahí y buscar ayuda, para volver a mi templo.

Me quedaba muy poco tiempo y si seguía ahí, me quedaría desamparada, sin hogar.

Le pregunté por última vez lo que le pasaba y si podía ayudarla.

Pero pasó lo mismo que la vez anterior, no contestó.

Me dije que era caso perdido, tenía que irme de ahí y lo que pasara con ella no era mi problema.

En ese instante mis ojos se llenaron de lágrimas y vi como una de ellas cayó sobre mi vestido.

Me llevé las manos a mi pecho cuando vi que mi vestido también era azúl.

Era igual al de ella y mi pelo también era rizado, identico al de ella.

No supe que hacer… lo único que hice fue darme la vuelta y tratar de abrír la puerta.

Fue entonces cuando escuche su voz… ‘esa voz’.

Mi mano temblaba sobre la cerradura de la puerta, no podía abrirla.

<<¿Te vas?>> <<¿Te vas?>> Eso fue lo único que ella me dijo.

Me di la vuelta y la miré recostada sobre la lava.

¡Entre en estado de pánico!.

¡Era mi cara!. ¡Era mi voz!. ¡Era yo!.

¡Grite con todas las fuerzas que pude, me llené de horror!.

¿Qué hacían dos personas iguales en ese cuarto?.

¿En dónde estaba mi templo?. ¿Cual era mi templo?.

¿Que fue lo que me llevó a dejar a mi templo?.

Ella supo lo que yo me preguntaba y me contestó.

”Sómos iguales por que tú eres mi alma”.

”Y tu tamplo lo tienes a solo unos pasos de ti”.

”Yo soy tu templo, tu templo es mi cuerpo”.

”Es tarde, el tiempo se acaba, entra o moriré.

Tienes que entrar a tu templo antes de que sea demaciado tarde.

Pero yo no creía lo que estaba viendo, lo que estaba oyendo.

Tenía que ser mentira, yo solo quería volver a mi templo y que esa pesadilla se acabará.

Abrí la puerta como pude y salí corriendo por que ya no aguantaba más.

Pero tropecé con la caja, las letras, las palabras de amor que después fueron lamento.

Con los recuerdos, el espejo roto y los siete metros de distancia.

Con los sueños destruidos y las ilusiones que destilaban sufrimiento.

Con los sentimientos que se ahogaban y del dolor se revolcaban.

Con las sonrisas que después se hicieron muecas.

Con el corazón sangrando y la sombra moribunda.

Escuché que me suplicaba por mi regreso, me gritaba que regresará.

Escuché que me dijo, que ella no podía venir a mi, que era yo quien devía ir.

Era solo yo la que tenía que entrar en su cuerpo de nuevo.

Todas las cosas extrañas se habían aferrado a mi vestido.

Trataba de quitarmelos pero de pronto empecé a sentir todo lo que la mujer sentía.

Empecé a identificar todas esas cosas extrañas como mías.

Era su sombra y mi sombra, era mi corazón y su corazón.

Eran sus sentimientos y mis sentimientos, eran sus ilusiones y mis ilusiones.

Esas ilusiones que destilaban sufrimiento.

Sus sueños destruidos también eran los míos.

¿Qué era lo que me quedaba por hacer?.

Recordé a la persona que vi en las fotografias rotas y comprendí todo.

Las letras, que días antes yo misma había metido en esa cajita.

Era su nombre, era el mío, era la Y la que separaba un nombre del otro.

Regresé al cuarto con el vestido hecho pedazos.

Al verme sonrió y me tendió su mano.

Entonces yo solo atiné a decirle…

¿Qué nos pasó?.

¿Por qué nos abandonó?.

¿Por qué nos lastimó de ésta manera?.

No pierdas la vida por su amor.

Seca de tus ojos tus lágirmas que son benditas.

No le llores a algo que solo daño te causó.

Vamos… ponté de pie que otro amor te está esperando.

Aprende de lo que te hizo, ésto solo es una lección.

Renace de entre tus cenizas, ya no quiero verte llorando.

Me recosté junto a ella, la abrase contra mi pecho y logré que se durmiera.

Al despertar vi el techo de un cuarto frío.

Un cuarto pintado de azul.

Trate de moverme pero había algo que no me lo permitia.

Estaba atada a una cama con una camisa de fuerza.

Una camisa de fuerza, color azúl, como el vestido.

Y entonces entendí todo, lo recordé todo.

Horas antes me había dado una crisis de esquizofrenia.

Escuché el ruido de la puerta cuando alguien la abría.

Y solo vi entrar a la enfermera que nunca me soportaba.

A la enfermera que siempre que estabamos solas, me insultaba.

Me miro con desprecio e hizo un gesto de hastio.

Y cuando vio mis ojos abiertos solo me pregunto ésto…

-¿Ya despertaste Loca?.

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